01

CARTA A MIS LECTORES (¿O a mis personajes?)

Desde que alguna doctora dijo en un podcast que las musas podían ser alienígenas, ahora no puedo dejar de imaginármelas de color gris, cara ovalada, ojos saltones, y ningún traje espacial. Y lo peor es que hasta las escucho hablando en su idioma, y yo teniendo que hacer la traducción.

En fin, en el último año he decidido hacerles caso a estos seres pequeñitos, (que como dije son grises, y no verdes, porque marcianos no son) y he dedicado horas incontables… (es más, creo que no he hecho nada más que eso), a relatar todas las historias que ponen en mi mente.

Al menos una vez por semana aparece un nuevo personaje.

De un momento a otro veo a un hombre, o una mujer, escucho un nombre, pues ellos mismos se presentan, y después echo un vistazo a la historia de su vida. ¿Dónde nacieron? ¿qué soñaron? ¿a quién amaron? ¿fracasaron o vivieron vidas felices? … Me lo cuentan todo, aunque hay secretos que me los dicen solo a mí, y esas son las partes de sus historias que nunca llegan al papel. El resto, lo que ellos me permiten contar a mis lectores, son mis novelas.

¿Seré solo un instrumento? ¿Será que de verdad existen esos seres que me dictan las historias desde otra dimensión, o desde el espacio, desde algún asteroide al otro lado de Plutón?

¿O seré yo? ¿Será que en mi cerebro, bastante ordinario imagino, se produjo una conexión rarísima que hace que ahora pase más pensando en ese mundo imaginario que en este, el real? No lo sé. Y en el fondo no me importa. De donde vengan las historias las recibo.

Yo solo prometo seguir, hasta mi último suspiro, ojalá, dentro de al menos cincuenta años, relatando—como único testigo desde este lado del espejo—, los amores, desamores, el dolor, la felicidad, la pereza… de todos y cada uno de mis personajes, tanto los que ya “nacieron” en alguno de mis libros; como de los muchos que estoy seguro, porque puedo ver la fila a la distancia, aún quedan por venir.

Mauricio Chaves, 30 de diciembre, 2020 .

02

UNA REUNIÓN CON LAS MUSAS

Anoche tuve una reunión urgente con las musas. Me di cuenta que era importante cuando las vi formando comités.

“Parece que hay mesa redonda” me dije, “aunque con tantas será en auditorio. Me espera una noche larga… pero la voy a disfrutar.”

“Hay que ponerse a trabajar” me dijo la primera, coordinadora de las tres musas de la izquierda.

“Pero si yo no he parado” me excusé.

“Eso fue el año pasado, y esto ya es 2021. Son cinco novelas las que faltan, y las tenemos que escribir.”

“ ¡Pero si ya llevamos siete! ¡el último año y medio escribí tres! Yo pensé que allí parábamos, y hasta en algún lugar lo mencioné”.

Una vez que se los dije, me di cuenta de que hablamos en verso, y a todo le buscaba métrica… Eran los nervios, eso creo, y la expectativa por saber.

“Siempre han sido doce, hace tiempo lo sabés”; me dijo otro jefe de grupo, hablándome de vos. Al parecer me han tomado confianza.

“¡Con lo que me costó escribir siete!” protesté.

“Pero son doce y ya, no hay tiempo que perder.”

Mientras me acomodaba en la silla, y encendía el ordenador, pensé que doce tenía sentido: el número es importante en la trama. Cada novela está dividida en doce partes; subdivididas en doce capítulos menores, y en la primera escena que escribí hace ya un montón de años, un reloj marcó las doce… y este es el 2021, que tiene un doce al revés. Pistas me habían dejado, solo que nunca las capté…

Cerré los ojos, abrí mi mente, y batí el teclado con furia. Fueron dos horas de notas, hasta que tuve que parar. Me dolía mucho la espalda, y tenía que ir a … pasear. 

“¿Habrá algún sindicato de escritores explotados por las musas, al que me pueda afiliar?”, pensé mientras… paseaba. No había, lo googleé.

“Son ideas sueltas, sin un hilo conductor” fue lo primero que pensé. Pero entonces releí, y me encontré un esquema básico para las novelas ocho, nueve, y diez… De la once hubo vistazo, solo una pista, nada más, pero de la doce no dijeron nada…

“Esa nos la reservamos” alegaron misteriosas, “a su tiempo llegará”.

Yo creo que aún no tienen ni idea de con qué me van a salir; imagino que para eso son los comités… En fin, no más spoilers, ahora sé que cada pequeño detalle que según yo eran parte de la “decoración”… tiene sentido, tiene una razón de ser.

Una cosa más. El anima mundi de Platón es una esfera con 120 triángulos idénticos, que dividen la tierra en doce caras.

Me voy, me llaman, creo que me quieren dictar. ¿Serán ideas generales? ¿o alguna escena particular? Espero que sean varias páginas…

(Publicado en Facebook en 2021, las cinco novelas ya fueron dictadas y publicadas, y la referencia a Platón resultó en “3,14: El Acertijo de Platón”, publicada en Agosto 2025… Y juro que en ese momento, ¡no lo sabía!)

03

Todo es posible para el que cree.

Crea que es capaz de la grandeza, y algún día la alcanzará.

Crea que es capaz de ser feliz, y lo será.

Crea que es capaz de alcanzar sus sueños, y los alcanzará.

Porque todo es posible para el que cree.

Pero esto también funciona en lo malo…

Si cree que las cosas irán de mal en peor, así irán…

Si cree que no puede, que para usted el logro es imposible, así será…

Porque todo es posible (o imposible) para el que así lo cree.

Recuerde…

Usted es el Observador al que se refiere la física cuántica; el que decide si se forman ondas o partículas, cómo se forman, dónde…

Todo es posible para el que cree.

Por lo tanto le recomiendo creer en cosas buenas, cosas bonitas, crea que es capaz de lo mejor y que puede mejorar en todo aspecto y nivel; crea que su trabajo dará frutos, que obtendrá el ascenso, que de ahora en adelante las cosas serán más fáciles y fluirán..

Todo es posible para el que cree.

Crea, y así creará su realidad.

Mauricio Chaves Mesén

SUELTE EL PASADO

Deje de alborotar el pasado con sus pensamientos; deje de volver la mirada y de sacudir ese polvo lleno de bacterias y problemas como si quisiese revivirlo.

Olvídese de eso, por doloroso que sea olvídelo. Es más, entre más doloroso, su esfuerzo por olvidarlo debería ser mayor.

La única verdad es que usted ahora está aquí, adelante, frente al hoy. Así que mire al frente y disfrute lo que tiene por delante. Recíbalo con alegría, agradézcalo todo, y con actitud positiva dedíquese a imaginar su mejor futuro.

La magia empieza con una fórmula muy simple: “Lo que usted imagine, será”.

“YO SOY EL NEO DE MI MATRIX

CREO EN LO QUE IMAGINO

Y ASÍ LO HAGO REALIDAD”

04

Hoy he pasado todo el día en ayuno, y meditación.

(Publicado Diciembre 2023)

Comencé a meditar en el solsticio, en la madrugada del 22, y de forma orgánica sin planificarlo, lo junté con la última luna llena del año, en la madrugada de hoy.

Al despertar me fui a la playa, y di gracias a la vida por un año hermoso, lleno de bendición.

¡Ja! Sé como suena todo esto.

Primero jugaba de magnate, después de escritor, y ahora ¡se nos quiere hacer gurú!

Yo digo que no, pero uno no sabe, ¡ja! Hoy abrí mis brazos y le dije a la vida que me mandara lo que tuviese para mí, no importa si no es exactamente lo que le pedí.

Hasta ahora, aún las veces que no me ha dado lo que quiero, o cuando las cosas me salieron mal, las veces que dolió y dolió muchísimo; cuando me sentí desesperado o con ganas de llorar, la vida siempre tuvo mi interés en mente, y me dio lo que me hizo crecer más.

¡También me ha dado tantas alegrías!

Muchas, quizá, en su momento, no las supe disfrutar ni apreciar.

No estaba allí, no estaba presente, perdido en futuros o pasados, y no en el único, en el hoy, que era de verdad.

Por eso ahora ya no pido tanto.

Pido armonía, pido paz, felicidad.

Y aunque parezca que estoy pidiendo mucho, para esas tres cosas no ocupo más que meditar.

Esto es lo que hago, a mí me sirve, me ayuda a crecer y a madurar.

Primero doy gracias a la vida por lo que me da, por lo bueno, por lo malo, y por lo regular. Todo dejó algo, una semillita, un aprendizaje, algo para mejorar.

Abro mis brazos, recibo los rayos, y ofrezco todo lo que vive en mí. Pido ayuda al astro de luz, para transmutar lo malo en bueno, y lo bueno, en mejor.

Esos pensamientos, ahora llenos de sueños, energía, seguridad y amor, los recibo de nuevo en mi mente y en mi corazón.

Con esa misma luz que invade mi cuerpo, bendigo y limpio cualquier resquicio de dolor.

Busco en mi cara, busco en mi cuello, deshago nudos, bolitas, pegas, todo mal momento o recuerdo que cause tensión.

Liberado de eso, con mis manos expulso esas partículas, para su transmutación.

Con esta meditación agradecí por el año que termina, y me preparé para el nuevo.

¡Se vienen cosas espectaculares!

Las agradezco desde ya, agradezco a la Creación.

Mauricio Chaves Mesén

05

HOY CUMPLE 30 AÑOS MI PRIMERA NOVELA.

(Publicado 14 febrero 2024)

La historia de por qué escribí Círculo de Poder es de novela.

En 1993, recién graduado de abogado, me enviaron a un curso de tres meses al Instituto Internacional de Derecho del Desarrollo (IDLI), nombre rimbombante que se veía increíble en mi curriculum.

Resulta que allí llegaba una muchacha de mi edad, 23 años, linda linda linda. Le puse el ojo y traté de impresionarla, tratando de robarme un poco de su atención. A los dos días la invité a un café.

El IDLI quedaba en Piazza di Spagna, uno de los lugares más románticos de Roma. Un café allí, con ese atardecer, en la Scalinata della Trinita dei Monti, –ella con este latinazo de Costa Rica, un país que ya entonces era cool, y yo con aquella muñeca, que tras de eso, resultó ser condesa–, pues ni para que les cuento, ¡como a las siete de la noche estábamos enamoradísimos!

Terminó el curso en mayo, y en agosto Priscilla y yo caminábamos en el atardecer de Conchal y de Flamingo, pues vino a visitarme al Paraíso, Costa Rica. La Fortuna de San Carlos, el Volcán Arenal, Monteverde, ¡por dónde no anduvimos! Cuando el presupuesto flaqueó, me la llevé para la finca de mi padre en Grifo Alto de Puriscal, donde había una pequeña casita, ¡más sencilla! La mujer ¡fascinada! Yo, pasando incomodidades; ella, en su mente, en una experiencia extreme, en una cabaña en una selva tropical (había un bosquecillo detrás de la casa, así como que selva selva selva, no sé… en fin).

Hice todo lo posible por regresar a Italia a la Condesa, y para febrero de 1994, estaba en el IDLI en otro curso (para el que se supone que aprendí francés. Oui oui.)

Pasó entonces algo raro. Me llamó un amigo italiano, Vittorio Giusti.

“Mira, quiero llevar unos vinos de Verona a Costa Rica. Me gustaría que conocieras la Hacienda Massi, y tal vez nos hacemos socios.” Y uno como a esa edad se quiere meter en todos los negocios que le proponen, me fui para Verona.

Y aquí es donde entran esas ruedas del destino que uno no entiende, pero que cambian absolutamente todo.

La Hacienda Masi me alojó en la Foresteria del Conde Seregó Alighieri, famoso productor de vino de la zona y descendiente directo del poeta Dante Alighieri.

Era 14 de febrero, la noche más importante del carnaval en Venecia.

No había más huéspedes en el lugar, Priscilla estaba fuera de Italia esa semana, por lo que el Conde Pieralvise y su esposa me ofrecieron conversación. Gente simpatiquísima. Después de un rato de enseñarles a decir Pura Vida y las otras mañas de los ticos, les caí bien y me dijeron:

“Alístate Mauricio, ponte un traje, y te vienes con nosotros a una cena”.

Idiay, ¡yo me fui!

Los Seregó Alighieri me llevaron al Club de la Unione di Venezia, en aquel entonces, no sé si ahora, un sitio exclusivísimo. Cena íntima, mesa alargada, 30 personas, como en las películas, todos nobles italianos, salvo un marqués español cuyo nombre no recuerdo, y yo, el suscrito Chaves, plebeyo de la Uruca, San José de Costa Rica.

Si todo esto les suena rarísimo, ¡imagínense a mí con 24 años!

Esa misma noche, hoy hace treinta años, al regresar a la Forestería, un palacio construido por el hijo de Dante Alighieri, en el cual el profeta se alojó muchas veces, en mi mente se comenzó a escribir una novela, Círculo de Poder.

Quienes la han leído reconocerán un montón de los elementos descritos, mezclados con geopolítica y una porción generosa de conspiración.

En Julio terminé la primera versión y me reuní con Priscilla en Washington, donde hacía una pasantía como epidemióloga aprovechando un apartamento de su madre. Estaba lleno de libros de Nostradamus ¡buenísimos!, y mientras ella iba a ensayos clínicos yo leía profecías (hasta comencé a creer que todo se terminaba en 1999, pero ese es cuento para otro día).

Cuatro profecías se ajustaron a mi novela perfectamente. Eran mi novela. Rarísimo.

Nostradamus se lanzó así de cabeza a mis libros.

Lo que iba a ser una novela surgida de eventos de vida extraordinarios, se convirtió en una serie de siete novelas sobre profecías, apocalipsis, inmortales, pirámides, condes y condesas, por supuesto, y ahora también en una nueva serie de seis novelas sobre el origen de todo, la Atlántida.

Hace poco visité en Verona a Pieralvise. Le agradecí haberme invitado hace treinta años a esa cena. No tenía por qué, no me conocía. Él era importante, ser descendiente de Dante tiene gran peso en Italia, y sin embargo, tanto él como su esposa, gente sencillísima, muy amable.

Nadie se imaginaba que esa cena cambiaría mi destino.

Y todo porque me gustó una chiquilla en Roma y me animé a invitarla a un café.

A veces la vida nos pide dar el primer paso.

Mauricio Chaves Mesén

06

LA CONDESA CON LA QUE NO ME CASÉ

Se han hecho unos enredos y regado unas bolas a raíz de mi último post (y a los varios que me preguntaron, se los aclaré), que prefiero sacar esta nota aclaratoria contando la segunda parte de la historia de la Condesa Priscilla y este plebeyo varón.

Luego de escribir Círculo de Poder, Washington, las profecías, etc., fui a Italia a visitarla. Me salía casi más barato que el teléfono que en aquellos tiempos costaba $1 el minuto por llamada internacional, ¡y la mujer hablaba!

A principios de 1995, decidimos que nos íbamos a ir a vivir juntos a París.

Yo calculé que si vendía el carro y me acogía a la Movilidad Laboral tenía capital para pasar un tiempo de bohemio en París. No íbamos a pagar renta, ventaja inmensa, pues su familia tenía un apartamento allí.

Ah, no, ¡si yo estaba casi listo!

Había un problema. No me sentía enamorado. ¡Y para mí eso era tan importante!

Digo, Priscilla tenía todos los requisitos, todos. Éramos buenos amigos, nos caíamos bien, nos entendíamos, pero no había esa chispa, esa pasión. Y estábamos muy jóvenes. Y a los veinticinco uno todavía cree en Hollywood y en los romances de novelas, en las parejas perfectas, las medias naranjas, las almas gemelas que desesperadamente estamos supuestos a buscar. Yo no sentí que fuera ella, ni estaba seguro de serlo para ella. Además no sabía si ser bohemio era en realidad lo que quería yo.

Una parte sí. Ganó el no. Lo que pasó también es que el ser humano es ambicioso, y siempre anda balanceando sus sueños con sus realidades, y eso de haber estudiado derecho, un MBA, los cursos de Roma, de estar en salones de clase toda la vida había implicado demasiado esfuerzo como para hacerme Hippie e irme a escribir.

Además, uno es medio neurótico en los veintes, quiere hacer tanto, comerse el mundo, encontrar el lugar, encontrar respeto… Se siente tan autosuficiente, tan invencible, tan sabiondo, porque acaba de hacer un curso en la U y leer el último libro sobre un tema y ahora cree que sabe más que los expertos que lo han hecho toda la vida… que no se detiene a observar, a planear, a olfatear el entorno, y a decidir en cual dirección están soplando favorablemente los vientos: muchas veces no es hacia donde sigue la manada.

La vida me tentó con una oferta de trabajo del Banco Mundial, que abría una oficina en Costa Rica. El puesto me daba el prestigio en la manada y validación, algo que yo desesperadamente había buscado en la vida, pues entonces creía que lo importante en la vida era hacerse conocido y tener prestigio. Y plata.

Acepté el puesto y no me permití, no acepté, me negué a mí mismo la oportunidad de hacerme conde (no es cierto, porque ella no podía heredarme título, yo seguía siendo plebeyo, ¡ja!)

Lo que si me negué fue la oportunidad de hacer lo que vine a hacer al mundo, escribir libros. (Durante los siguientes doce años no escribí nada, persiguiendo la quimera del dinero).

Nos dejamos, pero seguimos siendo amigos muchos años.

Cuando me casé cinco años después, fuimos de luna de miel por Italia, y pasábamos un día por Bolonia, así que la visitamos. Su marido no estuvo muy contento de verme, y creo que mi mujer tampoco de verla a ella, (sí, sí, ya sé, con toda razón). Momento incómodo, ¡ja!

Estaba casada con un marqués, y tenía dos marquesitos.

Quizá, en retrospectiva, yo no era su mejor opción.

Esa es la historia de como NO ME CASE CON LA CONDESA.

Así que, por favor, ya no rieguen más cuentos, ¡ja!

Mauricio Chaves Mesén

Preguntas Frecuentes

Lo que dicen nuestros lectores

★★★★★

Promedio de 4.8 estrellas basado en 150 reseñas.

Libros que enganchan

★★★★★

Inspiración literaria

★★★★★

Una experiencia transformadora

★★★★★

Un autor excepcional

★★★★★